Portada editorial sobre TEXTO EN PORTADA: "43 años y sigo programando". Un desarrollador de mediana edad frente a una pantalla con varias ventanas de entrevistas y candidaturas rechazadas, mientras a un l

Tengo 43 años, programo desde hace más de una década y LinkedIn sigue diciendo que no

Ya he pasado por varias entrevistas y también he quedado fuera directamente de procesos de contratación que encuentro en LinkedIn. Tengo 43 años y llevo más de diez programando de manera autodidacta. Además, no hablo solo de cursos o ejercicios personales: he participado y participo en proyectos reales como ginergetica.com y Kidpampum.com.

Lo difícil de esta situación no es únicamente recibir un correo de rechazo. Lo complicado es intentar entender qué se está valorando cuando tienes experiencia práctica, has aprendido por tu cuenta durante años y puedes enseñar trabajo realizado, pero aun así no encajas en el proceso.

El rechazo no siempre explica nada

En una candidatura tecnológica pueden influir muchos factores: los requisitos concretos de la oferta, el tipo de equipo, la experiencia con una determinada herramienta, la ubicación, las condiciones económicas o simplemente que otra persona encaje mejor en ese momento. LinkedIn explica que, en sus propios procesos, primero se revisa si la candidatura cumple las cualificaciones básicas y algunas de las preferentes; después pueden llegar conversaciones con selección, responsables de contratación y otros miembros del equipo. La propia compañía describe así su proceso de contratación.

Eso significa que una candidatura descartada no demuestra por sí sola que una persona no sepa programar. Pero tampoco resulta fácil separar un “no encajas” de un proceso que quizá no ha sabido valorar todo lo que aportas. Cuando la respuesta es breve o inexistente, el candidato acaba haciendo suposiciones.

En mi caso, la pregunta aparece de forma inevitable: ¿se está valorando mi capacidad actual o se está leyendo mi edad antes de mirar el trabajo que he hecho?

Ser autodidacta no significa tener menos experiencia

La etiqueta de autodidacta puede interpretarse de maneras muy distintas. A veces se utiliza como sinónimo de falta de formación reglada. Para mí, describe sobre todo un recorrido: aprender durante más de diez años, resolver problemas reales, investigar cuando aparece una tecnología nueva y asumir que nadie va a entregar una ruta completamente cerrada.

Programar en proyectos reales obliga a enfrentarse a decisiones que no siempre aparecen en un curso. Hay que entender el contexto, mantener código, corregir errores, adaptarse a cambios y entregar algo que funcione para otras personas. La experiencia no desaparece porque el aprendizaje haya sido principalmente autónomo.

Por eso, cuando presento proyectos como ginergetica.com o Kidpampum.com, no los considero simples enlaces para rellenar un currículum. Son una forma de mostrar qué he construido y en qué tipo de problemas he trabajado. También son una oportunidad para que el debate deje de centrarse exclusivamente en títulos, años de experiencia exigidos o palabras clave.

La edad puede convertirse en una sospecha automática

No puedo afirmar que cada rechazo que he recibido se deba a mi edad. No tengo esa información y sería injusto convertir una impresión en una certeza. Sin embargo, tampoco sería razonable ignorar que la edad puede influir en la forma en que se interpreta una candidatura.

En España, la edad está protegida frente a la discriminación en las relaciones laborales. El artículo 17 del Estatuto de los Trabajadores considera nulas las decisiones empresariales que produzcan discriminación directa o indirecta por razón de edad, según recoge la OCDE en su análisis sobre España. Además, el Boletín Oficial del Estado ha estudiado la edad como factor de vulnerabilidad en las relaciones laborales.

La existencia de esa protección legal no significa que sea sencillo demostrar un caso concreto. Muchas decisiones de selección se producen antes de una entrevista y dejan pocos indicios. Un estudio experimental sobre el mercado laboral español, publicado por la Fundación ISEAK, analiza precisamente la discriminación por edad en fases como la revisión de currículos y la posibilidad de recibir una entrevista. El estudio puede consultarse aquí.

Lo que sí puedo hacer con mi candidatura

No controlo el criterio de cada empresa ni puedo obligar a nadie a considerarme adecuado. Sí puedo, en cambio, intentar que mi perfil sea más fácil de valorar.

  • Mostrar proyectos concretos: explicar qué problema resuelve cada proyecto, qué parte he realizado y qué decisiones técnicas he tomado.
  • Actualizar el perfil sin ocultar la trayectoria: destacar las tecnologías que utilizo ahora, no solo las que aprendí hace años.
  • Convertir la experiencia en evidencias: incluir repositorios, demostraciones, capturas o enlaces funcionales cuando sea posible.
  • Ser claro sobre el tipo de puesto: una candidatura demasiado genérica puede no transmitir dónde puedo aportar valor.
  • Preparar las entrevistas desde lo práctico: hablar de problemas resueltos, compromisos técnicos y aprendizajes, no únicamente enumerar herramientas.

Estas medidas no garantizan una entrevista. Tampoco deberían convertirse en la obligación de demostrar constantemente que uno sigue siendo joven, flexible o capaz de aprender. Pero ayudan a desplazar la conversación desde la edad o las etiquetas hacia el trabajo que realmente se puede hacer.

No busco que me regalen una oportunidad

Con 43 años no estoy pidiendo que se valore mi perfil por compasión ni que se ignore lo que todavía necesito aprender. Programar exige seguir estudiando y aceptar que nunca se domina todo. Lo que espero es que esa evaluación se haga sobre mi capacidad, mi experiencia y los proyectos que puedo aportar, no sobre una idea preconcebida acerca de alguien que no empezó su carrera siguiendo el camino habitual.

También entiendo que un rechazo puede ser correcto. No todas las empresas necesitan el mismo perfil y no todas las vacantes son adecuadas para mí. La cuestión es que una selección profesional debería distinguir entre no ser la persona adecuada para un puesto y quedar descartado antes de que el trabajo realizado tenga la oportunidad de hablar.

Seguiré aprendiendo y seguiré participando en proyectos reales. Pero también creo que merece la pena decirlo en voz alta: la experiencia autodidacta existe, los proyectos personales pueden tener valor profesional y cumplir 43 años no debería convertir una candidatura en una explicación defensiva.

Fuentes consultadas